La acupuntura funciona modificando la actividad de los sistemas implicados en el dolor, citados anteriormente.
Como ha quedado explicado anteriormente, existen unas relaciones intrínsecas entre la piel (puntos de acupuntura y otros) y el sistema nervioso y vascular, que como consecuencia de los estudios del autor respecto a sus investigaciones, por un lado, de 121 puntos de acupuntura en un cadáver que han mostrado definitivamente dichas implicaciones nerviosa y vascular, y por otro, a través de sus estudios embriológicos (Smith-Ágreda y Sergio Gutiérrez) por los que se demuestran como originarias de la misma capa ectodérmica, dichas relaciones. Otros puntos ubicados en el estrato espicular de la dermis, se generaron en la capa mesodérmica embrionaria. Los meridianos son líneas imaginarias (no objetivables anatomofisiológicamente) que relacionan por resonancia los puntos acupunturales de una misma especie en correspondencia con un específico tejido, y no como se creía hasta ahora por corrientes que circulaban por dichos canales. Los meridianos transversales tienen una relación con los metámeros correspondientes y los segmentos víscero-cutáneos conocidos, y se encuentran en íntima correlación con los “meridianos longitudinales y transversales” de la organización segmentaria del eje cerebro-espinal, y por tanto, con representación somatotópica en el córtex cerebral.
La intervención en puntos de acupuntura, hace que los estímulos producidos controlen funciones elevadas de la corteza, de los diferentes niveles del tálamo, hipotálamo, cerebelo y haces espino-talámicos medulares y viceversa, (Alvarez Simó, 1.976).
Actualmente, la técnica terapéutica de la acupuntura está estandarizada para algunas patologías, y ha demostrado un efecto analgésico en diferentes cuadros dolorosos, por ejemplo: BirchS, 1996;Patel, 1989;Reed, 1996;Godfrey, 1978;Johnson, 1996;Kho, 1991;Rozier, 1974;Sodipo, 1979;Stewart, 1977;terRiet, 1990;Kitade, 1990;Kreitler, 1987;Laporte, 1981;Leckie, 1986;Lee, 1975;Lewith, 1984;Man, 1974;Melzack, 1978;Raub, 1973;Nash, 1992;Richardson, 1981;Bowsher, 1973;Carlsson, 1994;Chari, 1989;Cheng, 1973;Cioppa, 1976;ClementJones, 1980;Domzal, 1980;Ekblom, 1991;Ficher, 1984;Frost, 1976;Junnila, 1982;Alavi, 1996;Andersson, 1975;Thomas, 1992;Toomey, 1977;Yuen, 1976.
Los mecanismos de acción que se postulan para explicar su efecto analgésico son diversos. De ellos, destacan los modelos que defienden que la acupuntura actúa como desencadenante de señales nerviosas que bloquean la transmisión ascendente de los estímulos dolorosos, es decir, el impulso originado por la terapia acupuntural se comporta como un “modulador de la puerta de entrada” de los estímulos nociceptivos a nivel espinal (Melzack, 1975; Mac Donal, 1989), y el de la generación de sustancias del grupo mórfico o endorfinas y encefalinas endógenas.
Son variados los estudios clínicos que han mostrado el efecto beneficioso de la acupuntura en el tratamiento del dolor (MacDonal, 1989;Melzack, 1975 y 1994). No obstante, la reproducción y generalización de estos resultados presenta dificultades derivadas, fundamentalmente, de la variabilidad de los diseños de los ensayos clínicos y otros estudios realizados, de la no estandarización de la técnica aplicada y de la dificultad de elaborar estudios a doble ciego, (MacDonal, 1989). Así, si bien se ha observado un efecto beneficioso, éste ha sido en estudios cuyos diseños siguen el patrón de descripción y notificación de series de casos y comparación de técnicas de acupuntura entre sí, con o sin electroestimulación y/o señales nociceptivas de calor (Thomas y Lundberg, 1994; Tongdao, 1993 y Zhiliang y Hong, 1994; Runshu, 1993; Zhenzhi, 1993; Frank, 1997; Yahouay Xiufu, 1994 ; Shugui, 1992; Jingshan, 1993; Yuxi,Liying,Heping y Zhen, 1993; Shoukang, 1991 y 1992).










