ENDORFINAS Y ENCEFALINAS

ENDORFINAS Y ENCEFALINAS
Se han aislado muchos opiáceos endógenos, que actúan como neuromoduladores, y se les ha dado el nombre de ENDORFINAS.
Existen dos grupos de endorfinas:
I. Uno, conocido como ENCEFALINAS, que están distribuidas por todo el sistema nervioso central y por la médula suprarenal.
Se han identificado dos de ellas, como pentapéptidos, (péptidos de cinco aminoácidos). De acuerdo a las evidencias recientes, las dos encefalinas ( y  ) se producen en múltiples copias en una única cadena de polipéptidos. (Curtis, 1992).
II. El otro grupo, está formado por ENDORFINAS que se producen primariamente por la glándula hipófisis y por otros tejidos.
El factor hipotalámico desencadenante de la producción de endorfinas hipofisarias, es el «P. O. M. C. » o Preopio-Melano-Cortina, que se libera cuando hay albúminas heterólogas y desencadena el estrés.
La más común de ellas, es la «BETA-ENDORFINA», que es sintetizada por una cadena peptídica larga, que también contiene ACTH, la hormona liberada por la hipófisis anterior y que estimula la corteza suprarrenal.
Aunque existe mucha superposición en la estructura primaria de las distintas endorfinas, las relaciones funcionales entre ellas, todavía no se conocen. (Curtis, 1992).
La investigación de las endorfinas es de sumo interés, ya que tienen que ver con dos importantes problemas médicos, como son, la drogadicción y el dolor, muchas veces interrelacionados.
Las endorfinas son analgésicos naturales muy potentes.
Los individuos en situación de estrés, suelen informar que no percibieron lo que después resultó ser, por ejemplo, una herida extremadamente dolorosa y por tanto, pudieron continuar viviendo en una situación que podía poner en peligro su vida.
El descubrimiento de que los macrófagos están entre los tipos celulares que tienen receptores de endorfinas, sugiere que estas sustancias desempeñan también un papel en la estimulación de las respuestas inmune e inflamatoria.
La morfina, la heroína y otros opiáceos exógenos se combinan con los receptores de endorfinas, aliviando el estrés, levantando el ánimo y aplacando el dolor.
Sin embargo, se ha propuesto la hipótesis de que éstos opiáceos externos, al actuar por «retroalimentación negativa», reducen la producción normal de endorfinas, generando una «dependencia» siempre creciente, dando como resultado, la adicción a las drogas.